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sábado, 6 de octubre de 2012

Talle de Gráfica Popular


Los años cercanos a 1930 fueron conflictivos, no sólo en México sino en el resto del mundo. La curva capitalista sufrió entonces su postrer descenso previsto y arrastró en su caída tanto a los financieros como a los trabajadores bajo la influencia estadounidense. Esto despertó la solidaridad internacionalista acelerada por la guerra española. En México, la formación del Estado fue propicia a la confluencia de políticos de diferentes lugares de América: desde Haya de la Torre y Gabriela Mistral hasta Julio Antonio Mella y Agustín Farabundo Martí.

Por toda América creció un comunismo práctico. Uno diferente al desarrollo en los círculos de estudio o en las aulas , el de los trabajadores deseosos de servir al pueblo e impulsar tendencias socialistas.

Tres artistas comunistas decidieron, en 1937, cumplir la tarea de integrar un proyecto de vinculación del trabajo cultural a las necesidades populares. Dos de ellos tenían una importante influencia de los grupos progresistas estadounidense y los tres gozaban ya de prestigio entre sus compañeros artistas como organizadores y excelentes productores de imágenes.
Luis Arenal se formó en Estados Unidos y ahí conoció a Dvid Alfaro Siqueiros, del que sería colaborador principal hasta su muerte. Arenal había participado en importantes publicaciones como New Masses, El Machete, Mexican Art, etc. donde impulsó la la difusión de la trascendencia histórica de Posada y otras tradiciones populares. Leopoldo Méndez había acumulado importantes tareas de ilustrador del estridentismo y pronto había derivado en crítico mordaz de los ricos en publicaciones de izquierda. 
Los tres habían participado intensamente de los trabajos de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, no sólo en su órgano de prensa, sino también en los proyectos de penetración popular en los planes educativos del estado, como las misiones culturales y la enseñanza rural.
Cuando en 1937 los tres advirtieron la proximidad de un régimen nacionalista al que había que orientar hacia el socialismo, fundaron , sin manifiestos ni alharacas, lo que pronto se convirtió en el Taller de Gráfica Popular, al que invitaron a participar a un grupo de artistas de las llamadas segunda y tercera generaciones de la Escuela Mexicana de Pintura. Así sintetizaron en un proyecto de fructífera vida, la posición de una tendencia artística e intelectual. Esto ha exigido la demostración de sus trabajos para alentar la reflexión hitórica, no sólo sobre sus personalidades, sino sobre su significado actual.

El Taller de Gráfica Popular es la agrupación artística que cuenta con más años en México. No ha tenido una línea única sino rupturas y conflictos necesarios a diferentes concepciones políticas de los popular, un taller capaz de vincularce con las necesidades populares del momento: desde las intervenciones exigidas por la guerra española y el ascendo del fascismo, hasta la formación de la Central única de Trabajadores de México y el enfrentamiento a las fuerzas sociales opuestas a las formas educativas y culturales.
Al fin, en 1937, el Taller de Gráfica Popular apareció como una institución que reunió a pintores y grabadores que no sólo destacaban en sus especialidades artísticas, sino también en la promoción cultural y a veces en las organizaciones políticas de izquierda. No pasaron los diferentes miembros, lo cual no afectó al crecimiento de una tendencia realista con precisas características en los signos y en la posición.
Las concepciones sobre lo popular, sobre el trabajo colectivo, sobre las orientaciones del trabajo con el Estado, fueron reproduciendo escisiones y rupturas. Por ejemplo algunos miembros, como Chávez Morado y Zalce, se separaron pronto sin afectar al colectivo, por otros como Méndez produjeron con sus salida importantes afectos que tienen que ver con las vicisitudes de la formación socialista en México. Después de esta ruptura en 1960 se dio otra que acabó por incorporar al TGP una escuela de iniciación artística que aun funciona. 

Declaración de principios del Taller de Gráfica Popular


El Taller de Gráfica Popular es un centro de trabajo colectivo para la producción funcional y el estudio de las diferentes ramas del grabado y la pintura. El TGP realiza un esfuerzo constante para que su producción beneficie los intereses progresistas y democráticos del pueblo mexicano, principalmente en su lucha contra la reacción fascista.
Considerando que la finalidad social de la obra plástica es inseparable de su buena calidad artística, el Taller de Gráfica Popular lucha por desarrollar las capacidades técnicas individuales de sus miembros. El TGP prestará su su cooperación profesional a otros talleres o instituciones culturales, a las organizaciones de trabajadores y populares, y a todos los movimientos e instituciones progresistas en general.
El Taller de Gráfica Popular defenderá los intereses profesionales de los artistas.

México, D.F., marzo de 1945.

jueves, 23 de agosto de 2012

Estética socialista en México


La Escuela Mexicana es uno de los movimientos más representativos del arte universal del siglo pasado. Tiene su origen en la persistente lucha de nuestro artistas por hacerse de una expresión propia de alcance internacional, a través de valores y rasgos culturales primitivos de México como nación independiente y soberana.
No son pocas las corrientes que se funden en esta escuela. Una de las más significativas es la que se reconoció como estética socialista: una concepción que agrupaba las diversas versiones que en México conocieron el marxismo-leninismo (la lucha de clases), la democracia cristiana (la convivencia entre la clase empresarial y la obrera) y el socialismo utópico (el bienestar de todos, incluso el de la clase dominante). Lo que en la práctica política no realizaron los entusiastas de las diversas tendencias socialistas, los artistas mexicanos lo lograron a través de sus obras plásticas. No sólo es una premisa alrededor del arte. También trata de una propuesta social cuando revela de modo realista los problemas que padecen los habitantes de determinado territorio en su vida cotidiana. Al identificarse con los que se sufren en otras naciones, se hermana en la promoción de la justicia social, la igualdad y la libertad.
El socialismo alimentó las ilusiones del movimiento obrero decimonónico y articuló muchas de las ideas latentes en las luchas políticas de las primeras décadas del siglo XX, desde la Revolución Mexicana hasta la Revolución bolchevique en Rusia, la República española de los años treinta y la China de Mao. En México, el socialismo se acogió con particularidades muy propias, a diferencia de las que tenían en el contexto internacional.

Una de las aportaciones fundamentales de esta hazaña artística es que los artistas pudieron integrar los elementos ideológicos del socialismo a las monumentales edificaciones de nuestra historia: los Atlantes de Tula, las pirámides de Teotihuacan, la Coatlicue y las cabezas colosales Olmecas, otra contribución primordial fue la Escuela al Aire libre que con su estilo naif contribuyeron al desarrollo de la técnica gráfica. La vinculación histórica tiene como consecuencia natural un arte dirigido a las multitudes, abierto al público, que al ubicarse en muros oficiales se vuelve patrimonio de todos los ciudadanos.

El discurso de la estética socialista se distingue por dar a conocer, más allá de las fronteras, nuevos prototipos de belleza nacional en los que el concepto de raza se confunde con el de pueblo y asimila como protagonista a obreros, campesinos, mujeres, estudiantes y niños. El paisaje rural, la flora y la fauna, y la configuración industrial del México moderno, sirven de escenario a esta concepción nacionalista, mientras se describen las faenas en las fábricas y en el campo. Así se subraya la lucha de clases, los extremos de la riqueza y la miseria, de tal modo que la estética socialista deviene portavoz de quienes se afanan por reivindicarse. 
Como discurso gráfico, la estética socialista asume las movilizaciones de masas como fuerza que surge de las clases subordinadas en rebelión; se compromete asimismo con la educación popular, la construcción de escuelas rurales, las misiones educativas y las campañas de alfabetización. También recupera el valor del trabajo como justificación suprema del progreso y como medio de crear riqueza para todos, y en esa tesitura pone en relieve la figura del trabajador, del obrero, del campesino y de la mujer como parte de la vida productiva.

Para remover sus ideas y su arte, los artista se organizaban en asociaciones como la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, que en 1934 se presentó como la sección mexicana de la Unión Internacional de Escritores y Artistas Revolucionarios, fundada en 1930 en Charkov, Unión Soviética, en lucha contra el imperialismo, el fascismo y la guerra. Se disolvió la LEAR en 1937.
Un heredero directo de la LEAR fue el taller de gráfica popular, activo entre 1937 y 1977 y que tuvo entre sus más destacados miembros a Leopoldo Méndez, Raúl Anguiano, Luis Arenal y Pablo O'Higgins, la mayoría comunistas. 

El socialismo tiene un lenguaje propio. muchos de sus símbolos como el puño cerrado y levantado, se conocen internacionalmente. El puño es la imagen viva de la unión entre iguales, la fuerza capaz de llevar a cabo lo que puede conseguirse de manera individual. También sobresalen el martillo y la hoz, que hermanan a obreros y campesinos. Y la bandera roja, ícono del movimiento socialista internacional. 
En México se sustituye la hoz por el machete, la herramienta con la que los hombres del campo desbrozan la milpa y se abren camino en la selva. El fusil, pr su parte, evoca las luchas armadas, la guerra de Independencia y la Revolución, conflictos que en el lenguaje socialista se reconocen como "lucha de liberación nacional". El overol o uniforme de trabajo, identifica al obrero como fuerza organizada y motor del cambio social. La cruz, en cambio, tiene varias connotaciones: a veces expresa el pensamiento social de la iglesia católica, en otras se representa como un instrumento opresor del pensamiento proveniente del pueblo y por lo tanto de las ideas progresistas.
Entre los elementos naturales el sol aparece también con su carga simbólica: como principio masculino y como energía que hará despuntar el amanecer de una nueva era, la del socialismo. La tierra, por su parte, emblematiza su carácter femenino, madre fecundada por la luz solar. Y no faltan el buitre, el águila y otras aves de rapiña. Encarnan la ambición del capitalismo y caricaturizan a los ejércitos coloniales. En México se prefirió el buitre para dramatizar a estas fuerzas reaccionarias porque el águila tiene  una connotación de nobleza y valentía guerreras desde nuestro remoto pasado prehispánico. 
El lenguaje de los maestros de la Escuela Mexicana tocaron por un lado el realismo figurativo y por otro la transformación de los cánones tradicionales. A diferencia de otros países como la URSS, en México n se indujo a los artistas a que en sus obras se ajustaran a las exigencias propagandistas del realismo socialista. Las distintas expresiones fueron presentadas en la pintura mural, pintura de caballete, grabados, arquitectura, fotografía, etc.
Dentro del diseño gráfico de las carátulas y las ilustraciones, denotan el agreste espíritu de lucha por los derechos de los obreros, a veces sólo por la tipografía, a veces por la mera composición. A pesar de que se valen de símbolos universales, pueden reconocerse fácilmente po su carácter mexicano. En un esquema, la utilización del rojo y negro refrenda el encuentro de los contrarios, la oposición, la lucha y el coraje para no dejarse abatir por la adversidad social. 
La estética socialista de la Escuela Mexicana constituye una aportación mayor de nuestra cultura al arte moderno y que sigue vigente y reafirmándose en el sitio que le ha concedido la historia.