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martes, 5 de febrero de 2013

El corazón de Baltasar de Zúñiga y Guzmán

Baltasar de Zúñiga y Guzmán llegó a la Ciudad de México el 16 de agosto de 1716, donde gobernó como virrey de la Nueva España, a lo largo de seis años. El amor de este representante de la Corona española por la joven Constanza Téllez, hija de un cacique indígena, se dio a partir de un verdadero flechazo, ya que desde que la vio (durante una misa en catedral) su corazón no pudo vivir tranquilo; sin embargo, muy pronto se desilusionó al enterarse de que esa mujer entraría a un convento. Se cuenta que    de Zúñiga y Guzmán cayó presa del ensimismamiento, de un mutismo hosco, que era muy evidente para los demás. Fue tan grande su amor por aquella hermosa dama, que pidió permiso a la Audiencia de España para edificar un convento de monjas naturales, hijas de caciques, en el cual doña Constanza pudiera profesar. Al poco tiempo, recibió la autorización y el monasterio se construyó en tan solo 8 meses, en un lugar situado en los límites de la ciudad de ese entonces (frente a la Alameda central) cuya grandeza contribuyó con la muy noble y leal "Ciudad de los Palacios"
Entre las justificaciones que Zúñiga y Guzmán proporcionó a la Corona para la realización del proyecto, destacaba la seguridad de que el nuevo convento de Corpus Christi podría mantenerse de las limosnas y que solo albergaría de 18 a 20 monjas. El sexto año de su mandato, el virrey informó a la monarquía española que sus males no le permitirían seguir sirviendo al rey, y que recelaba sufrir ataques de hidropesía, por lo que solicitaba el envío de un sucesor. De esta manera fue que regresó a España y desde ahí dispuso en testamento que su corazón fuera enviado a la Nueva España y depositado en el presbiterio de la iglesia del convento.
En el coro de las monjas que participó en la ceremonia de recepción de la arqueta de plata, la cual contenía el corazón, se encontraba doña Constanza, convertida ya en sor Marcela del Divino Amor, un evocativo nombre. Baltasar de Zúñiga y Guzmán quien había nacido en Salamanca en 1658, murió en Madrid en 1772 a los 68 años, soltero pero convencido de que su corazón estaría siempre cerca de la mujer que tanto había amado.
Gracias al rescate arqueológico del ex Templo de Corpus Christi impulsado por el ex Jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, un equipo de trabajo del INAH y el Fideicomiso del Centro Histórico, se encontró, durante los trabajos de excavación, la arqueta con el órgano de Zúñiga y Guzmán, símbolo de su devoto amor. 


jueves, 31 de enero de 2013

Lou, je t'aime

Lou 

Mon cher petit Lou, je t'adore

Mon très cher petit Lou je t’aime
Ma chère petite étoile palpitante je t’aime
Corps délicieusement élastique je t’aime
Vulve qui serre comme un casse-noisette je t’aime
Sein gauche si rose et si insolent je t’aime
Sein droit si tendrement rosé je t’aime
Mamelon droit couleur de champagne non champagnisé je t’aime
Mamelon gauche semblable à une bosse du front d’un petit veau qui vient de naître je t’aime
Nymphes hypertrophiées par tes attouchements fréquents je vous aime
Fesses exquisément agiles qui se rejettent bien en arrière je vous aime
Nombril semblable à une lune creuse et sombre je t’aime
Toison claire comme une forêt en hiver je t’aime
Aisselles duvetées comme un cygne naissant je vous aime
Chute des épaules adorablement pure je t’aime
Cuisse au galbe aussi esthétique qu’une colonne de temple antique je t’aime
Oreilles ourlées comme de petits bijoux mexicains je vous aime
Chevelure trempée dans le sang des amours je t’aime
Pieds savants pieds qui se raidissent je vous aime
Reins chevaucheurs reins puissants je vous aime
Taille qui n’a jamais connu le corset taille souple je t’aime
Dos merveilleusement fait et qui s’est courbé pour moi je t’aime
Bouche Ô mes délices ô mon nectar je t’aime
Regard unique regard-étoile je t’aime
Mains dont j’adore les mouvements je vous aime
Nez singulièrement aristocratique je t’aime
Démarche onduleuse et dansante je t’aime
Ô petit Lou je t’aime je t’aime je t’aime.

Guillaume Apollinaire, 1916




La forma del corazón



Llega un momento en el que cabe preguntarse sobre el origen de las imágenes y signos que nos rodean. En ese instante, tales signos parecen destacar de su contexto cotidiano, llamando poderosamente nuestra atención e incitándonos a reflexionar acerca de la manera en que fueron formulados. El símbolo del corazón es intrigante, ya que, a pesar de guardar un remoto parecido con el aspecto real del órgano cardiaco, en realidad no se puede decir que sea una síntesis formal del mismo. La manera en que se generan los símbolos s todo un tema de estudio. En algunos casos, una imagen muy definida tiene connotaciones que, en apariencia, no tienen algo que ver con lo que representa a nivel visual, pero sí puede haber una relación en cuanto a sus cualidades físicas, su uso o sus funciones inherentes. Por otra parte, los símbolos llegan a contener significados asignados a través de una intrincada red de asociaciones históricas y metafóricas, por lo que descifrarlos requiere conocer el contexto de dicha imagen. No obstante el corazón ha logrado rebasar todas las metodologías de análisis simbólico, y la explicación de su forma permanece en la incertidumbre.

El símbolo del corazón, tal como lo conocemos, es una abstracción simple. Sobre su origen hay varias teorías, ninguna de ellas definitiva, pero algunas se remontan a tiempos antiguos, como la que ubica su creación en Grecia clásica, donde pudo se extraída del semblante de una paloma, que estaba asociada a las deidades femeninas de la maternidad, la fertilidad y el amor. La asociación del corazón con lo femenino también puede deberse a la suposición de que su forma puede derivar de diversas partes del cuerpo de la mujer, como el área genital, los senos, e incluso la parte baja de la espalda. Aunque es difícil rastrear la fuente del símbolo del corazón, no es complicado definir sus alcances, que lo presentan como tema principal del amor y de las emociones. El corazón, en múltiples variantes y generalmente de un rojo intenso, es usado de manera casi universal como significante del amor en sus diversas facetas: la pasión, el deseo, la ternura y el enamoramiento. 

El color rojo del corazón se debe claramente a su asociación con la sangre, siendo así que las caracteristicas de la misma son transferidas al miocardio, añadiendo nociones conectadas con la vitalidad, la fuerza, el valor y el flujo. Al ser una unidad visual tan básica, al corazón se le suelen agregar muchos otros elementos gráficos en infinidad de variantes y representaciones, para indicar el sinnúmero de transformaciones que experimenta el ser humano a causa de los efectos de sus emociones. Por ejemplo, para denotar la ruptura de una relación amorosa, el corazón se representa quebrado, rasgado o con una rotura. El amor verdadero pero intenso y complicado suele ser simbolizado por un corazón atravesado por una daga, acompañado de un leve sangrado. Un corazón alado es una representación del amor sublime e ideal, y un corazón atravesado por una flecha se considera la imagen arquetípica del enamoramiento y del dios del amor, Cupido, quien es un curioso ejemplo de una figura divina ancestral que se ha instaurado definitivamente en el imaginario colectivo de nuestros tiempos.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Alegorías de amor


Eros y Ágape

"El amor nace de una separación, nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada ser humano no es más que una mitad separada de un todo. Condenada a caminar -ya no a rodar, como ocurría con los esféricos originales- de un cuerpo a otro, en busca de su mitad correspondiente" apunta el investigador José Ricardo Chaves, Eros y Ágape representaron para los clásicos el complemento entre lo físico, carnal, sensual y la espiritualidad del amor. Ahí donde comulgan la pasión erótica del que ama y la del que es amado. Ovidio, Apuleyo y Platón abordaron, entre otros, el amor a través de mitos y alegorías que forjaron el imaginario antiguo. Eros y Psique, Apolo y Dafne, Clície y Leucotoe, Ciniras y Mirra; Zeus en sus devaneos con Danae, Europa, Leda o Ío, dan cuenta de la pasión que seduce a dioses y mortales.
"Amor y muerte (Eros y Tánatos), contrarios al orden divino, irrumpen el curso de la historia al invertir los valores y como principio y fin de toda acción, se aíslan y se proyectan en el vacío, sin sucesión en el tiempo" suscribe Fernando Delmar. Erotismo, sensualidad, ambivalencia del amor. La búsqueda del opuesto que lo integre. El coito es un ritual donde cuerpo y espíritu, por un instante, atisban la eternidad. Es la vuelta, el regreso al "origen divino" al que alude Laura Esquivel en su novela "Como agua para chocolate". Fuegos fatuos que remiten a la separación original y que , en el momento del éxtasis, todo lo transfiguran hasta alcanzar "nuestra ración de paraíso" en las palabras de Octavio Paz " El amor, es una atracción hacia una persona única: a un cuerpo y a un alma. El amor es elección: el erotismo, aceptación. Sin erotismo (sin forma visible que entra por los sentidos) no hay amor pero el amor traspasa al cuerpo deseado y busca el alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo. A la persona entera.

El amor en occidente

En el "Banquete", Aristófanes señaló "... cada parte echaba de menos a su mitad, y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza ... en consecuencia el anhelo y la persecución de ese todo recibe el nombre de amor..."  Andrógino que, tras la separación primigenia, dio origen al carácter individual de los opuestos.

El amor medieval fue testigo de la coyuntura entre el amor humano y el amor divino. El amor "cortés" y el llamado "Dolce Stil Novo" (la idealización que los trovadores hicieron de la mujer en la Italia del siglo XIII) sedujeron a la dama con coplas y poemas. En la versión mística de Bernardo de Claraval, la Virgen María fue aludida como "Notre Dame", como advocación caballeresca del sentido devocional mariano.

El Humanismo, que volvió su mirada hacia las fuentes grecolatinas, apostó por acercarse a las pasiones del hombre por el hombre mismo. Antiguos mitos y pasajes alegóricos exaltaron la belleza evocada del amor. En la tabla "Venus y Marte" (1483) del artista florentino Sandro Botticelli, sita en la Galería Nacional de Londres, el sensual cuerpo del patrón de los guerreros yace con placidez ante la mirada furtiva de la diosa del amor.

El Barroco exaltó la sensualidad de las monarquías reales, siendo la de Versalles en Francia su gran paradigma. Relaciones peligrosas, clandestinas y erotismo se manifiestan en el desnudo de la mujer. Artistas como Chardin, Boucher o Nattier captaron en sus pinturas la belleza fascinante y extrovertida del ideal femenino de las cortes absolutistas.

El Neoclásico dieciochesco encontró su inspiración de vuelta en la antigüedad (con especial énfasis en la entonces descubiertas ciudades italianas de Herculano y Pompeya) para mostrar la esencia del amor acorde a los patrones clásicos. "Madame Récamier" de Jacques-Louis David, reposa sobre un triciclo en una composición que recuerda los frescos pompeyanos, la cual enfatiza la elegancia y el atractivo de la dama.

El Romanticismo demostró la libre inspiración del artista. Eugène Delacroix y sus contemporáneos encontraron su inspiración en la Edad Media y en el exotismo oriental. Odaliscas y mujeres turgentes y voluptuosas pueblan el universo artístico de los románticos. "La muerte de Sardanápalo" de Delacroix expone un cuadro de arrebato y suicidio en complicidad con la seducción. Asimismo, la idea de un amor cruel y no correspondido, como el de Werther, obra capital de Goethe, exalta el valor del sentimiento sobre la razón.

El lenguaje del cuerpo

El cuerpo es el agente primordial del amor. Por sus formas y lenguajes transitan la pasión ardorosas y la búsqueda primigenia del ser humano. El encuentro, lo tangible del amor y la materialidad del otro nos conduce e identifica: "Eros con sus puentes entre lo corpóreo y lo metafórico, con los sentimientos, las obnubilaciones, los transportes ... la eyaculación, el orgasmo, en un continuo oscilar entre actividades del cuerpo y representaciones metafóricas, lingüísticas, y en último análisis, mentales" señala el psicoanalista Romolo Rossi. 

El amor se manifiesta en múltiples rostros y atavíos. Para la mirada occidental ha sido extrovertido, estéreo y mágico; lo que se muestra o se oculta; la sujeción del alma en una forma corpórea o la libertad del espíritu a través del suyo. El amor juega con sus formas tangibles e intangibles, donde los sentidos y la razón se manifiestan; ahí donde el hombre y la mujer, en su torrente de signos y símbolos, se unen para fundamentarse en el amor. En palabras del escritor Alberto Ruy Sánchez: "La persona amada es una llama que contagia el fuego"     

Héctor Palhares Meza